Pues sí… ganó Trump

Publicado en: News // Por: Daniel // 09 de Noviembre de 2016

Cuando Donald Trump anunció su intención de llegar a la presidencia de Estados Unidos llamó la atención del mundo. Qué decía. Cómo era posible. Era un loco, un payaso. Divertía y asustaba.

Era imposible, se decía, que el Partido Republicano lo hiciera su candidato. Pero sucedió.

Durante su campaña se mostró racista, pendenciero, tramposo, ignorante, sin ideas.

Así acaparó enormes espacios en los medios de Estados Unidos y de todo el mundo. Gastó la mitad de lo que gastó Hillary en propaganda en medios. Decía tantas barbaridades que todos replicaban sus dichos.


Cuando llegaron los debates, hizo lo que ningún candidato había logrado: perdió los tres.

Se fue al abismo cuando se divulgaron sus acosos y abusos a mujeres.

Parecía que de esa no se levantaba.

El FBI le echó una mano al poner de nuevo sobre la mesa el manejo oficial que Hillary Clinton hizo de su correo electrónico.

El desahuciado abrió los ojos y se levantó.

Con él se levantaron millones, que fueron a las urnas a decir que lo querían de presidente.

Tal vez fue la medianía de Hillary como candidata.

Tal vez el hartazgo de los estadounidenses frente al establishment.

Tal vez la fascinación por lo grotesco.

Tal vez que ni demócratas ni republicanos han podido ganar tres elecciones de manera consecutiva: la ley del péndulo en regímenes bipartidistas.

Tal vez las ganas de seguir al salvador: la cultura del mesianismo se esparce como aceite en agua.

Tal vez la resurrección de la supremacía blanca, empeñada en recuperar el control.

Quizá sólo sea un capricho más de la democracia. Tal cual. Y no hay que buscarle. Eso pasa.

O es que, en efecto, el planeta está en una de esas etapas de locura.

Después de la salida de Reino Unido de la Unión Europea y la no ratificación de los acuerdos de paz en Colombia, ahora es Trump el que demuestra que el mundo ya no vota en línea recta.

Ofendió a las mujeres, insultó y amenazó a las minorías, censuró a los empresarios, amagó a los organismos internacionales, acusó a los medios y pretendió intimidar a periodistas.

Con esas actitudes parecía imposible que fuera él quien alcanzara los 270 votos electorales necesarios para ganar.

Pero todo eso pasó.

Ahora, la única esperanza es que lo haga tan mal como presidente, que los estadounidenses aprendan a no seguir a ningún mesías.

Y que en cuatro años no haga tanto daño.

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