White Lies @El Plaza Condesa

Publicado en: Music // Por: Daniel // 20 de Febrero de 2017

Por María Buey González

Todos coincidían en los momentos previos al concierto. El nuevo disco, Friends, es un soplo de aire fresco, un paso hacia delante. Un ejemplo de cómo continuar reinventándose sin romper con lo que uno ya es. Es más colorido, más luminoso, pero no pierde la esencia densa e intensa que caracteriza a la banda inglesa y que provoca, con su escucha, el encuentro de muchas distintas emociones.

White Lies se hizo de rogar. No se había confirmado con mucha antelación la actuación de teloneros y a muchos topó por sorpresa. Sin embargo Los Mesoneros, la banda venezolana que abrió el encuentro, supo dar al público lo que buscaba y funcionaron bastante bien en conseguir esa combinación de melancolía y golpes de guitarra que parece que el público venía buscando.

El concierto del sábado en el Plaza Condesa fue un juego de equilibrio entre el antes y el ahora. La banda supo alternar a la perfección temas legendarios con otros del nuevo disco, lo que provocaba reacciones encontradas entre los asistentes. La nostalgia, que ayudó a la banda a mantener entregado al público coreando casi cada una de las canciones más míticas, se alternaba con la frescura de los nuevos temas que despertaban sonrisas cómplices cuando las reconocían.

Estar entre el púbico fue un apasionante viaje por la última década en las vidas de cada uno de los asistentes. Las caras hablaban por si solas, las reacciones, las miradas, las formas de moverse. Se podía casi dibujar el momento que cada canción traía a las cabezas de cada persona.

El inicio del concierto con "Take it out of me" fue el brote perfecto para liberar las expectativas que todos traíamos. El público gritó y soltó toda esa emoción contenida. Después de ello vendría un viaje más introspectivo guiado por los distintos momentos de la discografía. Hubo tiempos más calmados e íntimos y otros marcados por golpes de fuerza que generaban reacciones de conexión entre los desconocidos que compartían la sala. No eran tan desconocidos al fin y al cabo, pues no hay nada que una más que una misma banda sonora en tu juventud.

Fue éste último el caso de "Farewell to the fairground", cuando todos al unísono gritaban coreando la letra como tratando de desprenderse de esos niños del pasado que seguimos arrastrando. Harry McVeigh terminó con el puño en alto, impecable y elegante con su camisa azul y el tupé ligeramente despeinado.

A continuación llegó el anuncio de que el siguiente tema que tocarían era uno de sus favoritos del nuevo álbum, "Is my love enough". La entrega del público en ese momento fue absoluta. El juego de luces bañaba los rombos y las maderas de la envolvente del espacio, haciendo la experiencia mucho más contundente. La sala entera vibraba de forma que podía parecer una nave espacial en pleno vuelo.

"Unfinished business", sin embargo, trajo uno de los momentos más íntimos del concierto. Las voces se calmaron y las luces se saturaron. Una hermosa coreografía de rayos fucsias cruzaba el espacio como si se tratase de espadas que nos atravesaban. Los brazos en alto de los asistentes se recortaban a contraluz y la atmósfera se densificó. Comenzamos a sentir que el encuentro estaba llegando a su madurez, pero sabíamos que nos quedaba un buen pedazo durante el cual seguir disfrutándolos. Con "Death" las sospechas se confirmaron, se había corrido la voz de que sería el tema de cierre, se iba acabando el tiempo pero la entrega no disminuyó. Parecía que todo el público sabía que ésta no podía faltar y esperaban impacientes, como si hubiesen reservado este momento desde el principio. Se sentía vibrar el piso, no era sólo por los graves del sonido y la cavernosa voz de Harry McVeigh, eran literalmente los saltos de la gente.

Momentos después la banda desapareció del escenario y tras repetidas llamadas al grito de oe oe oe oe white lies white lies, los tres músicos volvieron a él . Esta vez Harry salió llevando la ya famosa chaqueta que grita en la parte trasera el eslogan "Mexico is the shit". Aunque esta chamarra ya casi queda lejos de ser una herramienta reivindicativa y empieza a parecer un elemento más de consumo y entrega al sistema, no impidió emocionar al público al sentir la empatía de la banda con el pueblo mexicano, lo que se magnificó aun más cuando se envolvió en la bandera que le lanzaron desde el público.

No fueron muchas las veces que el artista se dirigió a la audiencia, de hecho, no habló hasta tocados los primeros cuatro temas, pero sí las suficientes para repetir insistentemente cómo la banda aprecia al público mexicano casi como a ningún otro. No puede negarse que el sold out desde hacía varios meses era una muestra indiscutible de lo querida que es la banda en estas tierras.

Es curioso observar la excelente salud creativa que aún mantiene una banda de estas características, tanto dentro del estudio como en los escenarios, con el paso de los años. Tarea nada fácil perteneciendo a la época tardía del boom de los dosmiles, en la que un gran número de bandas británicas se lanzaron al estrellato del indie rock tras la estela de colosos como Franz Ferdinand o Arctic Monkeys. Muy pocas bandas han resistido el paso del tiempo aportando álbumes de estudio de calidad y sin resignarse a ser poco más que parte de la memoria colectiva de esa época, perpetuando su paso por festivales de primera fila como lo han hecho White Lies. Su aparición fue tardía, con un álbum (To lose my life, 2009) que se hizo esperar, y con razón, pues resultó ser un producto final cuidadosamente premeditado, desarrollado y ejecutado para aquellos fans que ya estaban cansados de las redundancias de los grupos de siempre. Esta seña de identidad, de esmero y perfección, sigue patente hoy en día en actuaciones como la que presenciamos el sábado.

La música de White Lies tiene ese poder de hacernos sentirla propia de inmediato. La voz grave de Harry nos cobija al tiempo que doma esas melodías que guían el viaje de cada canción. Escucharles hace que nos sintamos al amparo de alguien, o algo, que nos protege, o que al menos nos entiende.

A diferencia de muchos de los asistentes que comentaban que ya había visto a White Lies en México en sus dos anteriores visitas, para mí era su primer concierto en la ciudad. Tenía la necesidad de ver las caras, de reconocer como son sus seguidores aquí. Como en cada concierto, gran parte de lo especial son sus asistentes, y parte de la experiencia se construye a partir de formar parte del grupo, de identificarte con el resto del público, que lejos de estar constituido por una masa homogénea, son en verdad un montón de historias diferentes.

Decidí acercarme al venue unas horas antes. Eran las 4.30 y parecía que no había asistentes aún, cuando al girar la esquina del Condesa vi el inicio de una fila de aproximadamente cien personas. Diría que eran el sector más joven de los asistentes. En los primeros puestos se encontraban un grupo de varios chicos y una chica, todos de 21 años. No habían llegado juntos pero la espera desde las seis de la mañana les unió. Comentamos como se mantienen actualizados con las bandas a través de las redes sociales y cuánto las nuevas plataformas como Spotify les permiten encontrar cada día nuevos grupos en relación a sus gustos. Sin embargo, a White Lies los siguen desde sus inicios. Apenas ellos tenían 14 años cuando la banda vino por primera vez a México. Fue en el Corona Capital en el 2010 y allí ya estuvieron algunos de ellos.

El ambiente era inmejorable, todos estaban dispuestos a compartir e intercambiar experiencias y recuerdos en relación a la banda. Al fin y al cabo, todos estaban allí por ellos, y no tendría duda de que volverán a acompañarles en la próxima visita.

Setlist:

01. Take It Out On Me

02. There Goes Our Love Again

03. To Lose My Life

04. Hold Back Your Love

05. Getting Even

06. The Price Of Love

07. Farewell to the Fairground

08. Morning in LA

09. Is My Love Enough

10. First Time Caller

11. Unfinished Business

12. From the Stars

13. A Place to Hide

14. Don’t Want to Feel It All

15. Death

Encore:

16. E.S.T.

17. Big TV

18. Come On

19. Bigger Than Us

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