Expediente de BoJack Horseman

Publicado en: Film & TV // Por: VainaDeMielina // 23 de Agosto de 2019

Expediente de BoJack Horseman

Comienzo una apología a la Época Dorada de las Series con una comedia existencialista, seguro Voltaire sería fan de hueso colorado de su director Raphael Bob Waksberg. Bailo mientras escribo porque el soundtrack hace imposible recordar la serie sin volver a su música.

Abro así también una especie de expediente de Bojack Horseman como paradigma del sujeto contemporáneo en consideración a sus relaciones sociales, y a los temas filosóficos que subyacen en la obra, como el suicidio, el cinismo y las consecuencias que conlleva la falta de atención a los problemas de salud mental de este personaje antropomorfo, que lo hacen tan cercano al ser humano de las grandes ciudades en el siglo XXI.


Una ADVERTENCIA: este texto es only para quienes resistan los spoilers.


Que sea una comedia me parece tan ácido como subversivo, no por nada las comedias de Aristófanes fueron documentos quemados y prohibidas por los tiranos antiguos, ya que invitan al espectador a situarse con la suficiente distancia para no sentir tan profunda la herida de la autocrítica, y a la vez reírse de situaciones de violencia normalizada en ella expuesta.

Satirizar es un excelente ejercicio para invitar al cuestionamiento de sí misma y también para reconsiderar la sana convivencia con los demás.

La fama de épocas pasadas le han legado al protagonista una cotidianidad de fiesta, drogas y la amargura de una terrible infancia que se manifiesta una y otra vez la catástrofe de sus vínculos afectivos.

La manera inequitativa en la que BoJack se relaciona con los personajes femeninos como Princess Carolyn o Diane Nguyen, facilitan mucho el empatizar con ellas y también funciona para ver de manera crítica lo terrible que puede llegar a ser el egoísmo o la ausencia de empatía ante el sufrimiento ajeno.

Sirva como ejemplo Sara Lynn, la coprotagonista del sitcom que BoJack estelarizó y que creció viendo en él una figura paterna. Décadas después al salir de rehabilitación, lo busca para recibir apoyo y lo que encuentra es una compañía que también está hundida en la autoficción y la falta de amor propio.

Cuando muere después de una racha autolesiva juntos, en las que los licuados con vodka y otras drogas eran el desayuno de cada día, queda en el aire una duda ¿es él culpable de la muerte de Sara Lynn? Ella lo buscó como una guía después de un intento de harakiri, cuando estaba vulnerable. ¿Es él inocente? ¿Es responsable?

¡No me siento culpable porque nada de lo que hago tiene consecuencias!- responde Horseman cuando Diane pone en tela de juicio su comportamiento inmaduro ante su ex-compañera de Horsin' Around. Está acostumbrado a la ausencia de límites, al cumplimiento inmediato de sus hedonistas deseos.

En muchas ocasiones me recuerda a los personajes de las novelas de Albert Camus, en este caso a El extranjero; el protagonista de este libro fue enjuiciado por el asesinato “accidental” de un moro, en el juicio no manifiesta el menor sentimiento de culpa, lo cual hace que que se perciba en él a un monstruo del cinismo.

Es BoJack un extranjero también, tan ensimismado que está desconectado de sí, habitante de las miserias del pasado, incapaz de ver más allá de sus propios intereses.

Diane Nguyen es una especie de voz de la conciencia para el protagonista. Siendo una estadounidense de raíces vietnamitas, escritora y feminista, se ha formado un juicio bastante racional que la ayuda a mantener a raya los desvaríos de quien busca una identidad mientras está rodeada de frivolidades.

La construcción y desarrollo de su carácter la convierten en una pieza clave para exponer los conflictos de género y las críticas al stablishment masculino en la industria del entretenimiento.

No se escapa a su ojo un solo tema. Desde el uso legítimo de las armas para la defensa, el aborto, la vida después del divorcio, el movimiento #metoo, la maternidad subrogada y hasta la búsqueda del sentido de vida y la autonomía.

Diane es la escritora fantasma para la “autobiografía” que BoJack ha postergado durante meses, es así como coinciden; así que ella ve como narradora y testigo el desarrollo del carácter de este sujeto que le genera contradicciones.

Es imposible no despreciar a BoJack y de alguna forma Diane se vuelve en la única capaz de enjuiciarlo en escena pero también la única que logra comprenderlo como un ser íntegro que elige sus acciones desde la ignorancia y la antipatía.

Al final ella es la voz racional de la narración, será ella quien defina si es él culpable o inocente. Por eso espero con ansías que llegue octubre.

Seguro todas nos sentiremos identificadas con alguno de los personajes que las guionistas han creado para que nosotras como espectadoras veamos en ellas un espejo, y eso convierte a esta serie en un elemento imperdible para ejemplificar la necesidad de un giro en la construcción semántica de nuestras relaciones para re-construir nuevas masculinidades.

Vaina de Mielina


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