El show ¿debe continuar?

Publicado en: Film & TV // Por: VainaDeMielina // 06 de Septiembre de 2019

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.

Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

-Ovidio


El show ¿debe continuar?

¿Arrojarias la primera piedra o lo seguimos conociendo?

La vida de BoJack es una eterna resaca, un eterno retornar a la culpa originaria de quién busca la reafirmación de su propio ego, sangrando a la otredad; esa es en gran parte la deuda primigenia en la que se funda la sociedad del espectáculo: explotar los cuerpos, exprimirlos haciendo de la vida íntima un triste símil de un show de circo romano, mientras el público exige con aplausos continuar carroñando las emociones de sus estrellas preferidas hasta la últimas gota.

Cómo el mismo se lo advierte a la pequeña Sara Lynn en medio del set: “nadie te va a comprender, ni tu familia ni tus amantes, sólo ellos (el público), te van a pedir todo de ti hasta que no te quede ya nada, y se los tendrás que dar”.

Y esa es la forma en la que él concibe la relación entre ellos, los famosos, y sus consumidores, se siente casi inmortal mientras es reconocido, esa es su adicción más fuerte: el reconocimiento, la aprobación de la otredad.

Esa hambruna de aceptación es herencia de la atención y acompañamiento que anhelaba recibir el pequeño BoJack de su padre y su madre y que lo obligó a vivir con una fisura interna, que ojo, no lo excusa de sus decisiones sino que permite traslucir su humanidad (y no solo el ser despreciable que se empeña en ser); sinceramente, podría ser cualquiera de nosotros en cualquier momento en que se baja la guardia de la mente consciente. Solo que él es inconsciente casi todo el tiempo (oh, fish!).

Beatrice Sugarman Horseman, después de leer la biografía de su hijo en la que su escritora fantasma, Diane, expone la crueldad que padeció el pequeño BoJack, lo llama y le dice: -Naciste roto y por eso no podrás nunca ser feliz, pero no es tu culpa. Lo siento. La disculpa no borra la cicatriz.

BoJack's Eulogy At His Mother's Funeral "Becker"

Beatrice también sufrió una relación tormentosa con su marido, en una época en la que era peor afrontar las consecuencias sociales del divorcio que dejar a un marido violento.

Ella a su vez, vivió una infancia marcada por la guerra, ya que perdió a su hermano y también creció comprendiendo como normal la sumisión de la mujer a los mandatos maritales, a tal extremo a su madre le realizaron una lobotomía. Una de esas crueles experimentaciones científicas que exploró sus más encarnadas visiones del horror en los cuerpos de las mujeres.

Los complejos de la infancia herida, signo de nuestros tiempos, son parteaguas en el carácter de estos personajes y bien sirven como excelente prototipo para explicar conceptos fundamentales del psicoanálisis, para detallar por ejemplo, el trauma patriarcal que padecen.

En una ocasión en camerino, la pequeña Lynn le dice a BoJack que quiere estudiar cuando sea mayor y su madre le responde:- “No hice lo que hice con el productor para que fueras a la universidad”. ¿Y el padre? ausente, qué raro ¿no?.

Sara Lynn, en todo su crecimiento estuvo a merced del mercado que hipersexualiza a las niñas, algo que es tan común en la industria del entretenimiento que olvidamos sentir escalofríos ante su normalidad; este fenómeno de las últimas décadas que usa los cuerpos femeninos para explotarlos y promover estereotipos de comportamiento y consumo, encuentra en esta serie una mirada antropológica para explicar el porqué de las conductas de chicas como Miley Cirus o Lindsay Lohan, Britney, and so on.

Considero que esta serie pone bajo la lupa nuestro concepto de crianza, porque a quien juzgamos no es solo al adulto con libre albedrío, sino que también observamos en todo momento, al niño que soñaba solo un poco de ternura. Es él un hijo de la desesperanza del siglo.

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